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EL TROVADOR
Encontre en una calle de San Pedro Sula, a un artista, envejecido prematuramente por el olvido y el alcohol, su nombre es Efrain Bonilla y es a mi parecer uno de los mejores trovadores que he visto y escuchado en mi vida. Su talento no tiene nada que envidiar a Facundo Cabral, Silvio Rodriguez o al mismo Mario Mezapa.
Charle placenteramente casí una hora con este Martin Fierro catracho, el cual me narraba en versos y en pequeños momentos la historia de su vida; sus versos eran melodiosamente acompañados por el grato son de su vieja guitarra. Algo muy hermoso y a la vez triste.
El Trovador Internacional como uno de sus amigos lo llamó, me dijo que desde niño recitaba y cantaba con el verso como amigo, que sus amigos se burlaban por ser uno de los niños más feos y pobre de su pueblo, que una vez el techo de paja en el que vivia les había caído encima y que su padre había muerto fruto de la exposición al veneno que la Standar Fruit Company usaban en la finca bananera en la que su padre trabaja, ellos me dijo, no pagaron ni un centavo a mi madre por la muerte de mi padre.
El Martin fierro catracho había nacido segun él, con ese don de artista. Fue sublime, lo confieso, escuhar el extraordinario talento de este trovador ambulante, que sin educación alguna y sin tan siquiera haber leído un tan solo libro en su vida, era capaz de semejante derroche de talento. Su grandeza artistica contrastaba radicalmente con su condición física, verlo me entristecio muchisimo, quizás me trajo reminiscensias de esta realidad que nos golpea todos los días, que nos condena a la impotencia y nos asfixias inmisericordiamente nuestras esperanzas.
El aspecto del Trovador Internacional, era el de un indigente ambulante o más bien el de un Hippy trasnochado, tenian en su cabeza una pronunciada pluma blanca, como un viejo cacique indio y una desgastada muda de ropa de color negro la cual era acompañada por sus bien lustradas botas de igual color.
Gustosamente le invite a un refresco y le obsequie un par de Lempiras que probablemente los usara para comprar más de un trago de alcohol, no lo cuestiono, yo se lo que es sentir desesperanza e impotencia ante una realidad monstruosa, tal como Ana Frank la concebia.
Sentí la necesidad de escribir acerca de este infortunado artista popular que tuvo por cuna un pueblo de Yoro donde vio sus primeras luces el Camarada Ramón Amaya Amador y tambien el de una gran cantidad de poetas y literatos de este pedazo de tierra llamado Honduras.
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